¡Agarro mi mochila y voy!

Así de simple, agarro mi mochila y voy. Tenga o no tenga mucho dinero. No me gusta programar mis viajes. Soy una viajera impulsiva: siento el deseo, tengo la oportunidad y voy. Creo que en la espontaneidad nacen las anécdotas. Y a decir verdad, las veces en que me he visto enfrentada a un viaje con programa, todo -absolutamente todo- ha salido mal. Es por eso que opto por la aventura.

Yo no viajo pensando en lujos ni en hoteles all inclusive – si se da la oportunidad bienvenidos sean. Tampoco deseando la foto cliché levantando la Torre Eifell o empujando la Torre de Pisa. Si fulanito y menganito la publicaron en su perfil, bien por ellos. Yo viajo por el simple placer de conocer y sumergirme en las idiosincracias de cada destino.

Y sí, tengo fotos bonitas, pero detrás de ellas hubo muchas veces incomodidad y cansancio. Porque viajar sin un presupuesto salado tiene sus contras, pero estos se recompensan con todo lo que aprendes, recorres y ves.

Y como siempre digo:

«Una semana a punta de sánguches o durmiendo en literas no me va a matar; ya me recupero cuando regrese a casa».

Cuando llego a un destino sin programa alguno, lo primero que hago es plantarme en la calle, ver a la gente pasar y cuando se cruza alguien que siento puede darme una buena recomendación, lo paro y le quito un poco de su tiempo:

«Hola, ¿eres local? Vine a conocer tu ciudad. ¿Qué barrio me recomiendas que no sea turístico?, ¿qué mercado es imperdible?, si tuvieras que elegir tres lugares que te gusten mucho ¿a dónde me enviarías y por qué?

Y así parto mi recorrido, confiando en lo que un X me dijo. A medida que avanzo, voy conversando con más gente, apuntando nuevas ideas y sorprendiéndome con la ciudad. Ah y siempre, pero siempre siempre, pregunto por el mejor coffee shop.

Para mí, es una de las mejores formas de viajar. Es olvidarse de las rutinas monótonas, dejar las agendas de lado, emprender algo novedoso y asumir con conciencia que, aunque exista cierto riesgo, siempre hay alternativas. Al final es cosa ingeniárselas.

¿Qué ganas? Crecimiento personal ¿Por qué? Porque sales de tu zona de confort. ¿Y qué más? Bienestar mental ¿Por qué? Porque rompes con la monotonía y te das tiempo para reflexionar y elevar tu estado de conciencia. ¿Y eso no más? Nooo, también Habilidades sociales, porque te toca interactuar con gente y, al hacerlo, vas moldeando tus días.

Ojalá esta experiencia les recuerde que viajar sin trabas también puede ser hermosamente imperfecto y profundamente liberador.


One thought on “¡Agarro mi mochila y voy!

  1. Que genio!!! Seguro cada viaje es una hermosa experiencia llena de aprendizaje!!! Que nunca se acaben!!

Tus ideas importan. Déjame tu comentario y sigamos en movimiento.