Bolt se humanizó en su última carrera

Un final impensado. Usain Bolt, el jamaicano más rápido de la humanidad se despidió de su carrera haciéndonos recordar que aquel hombre a quien habíamos apodado el “relámpago” era tan humano que también se podía lesionar.

Bolt
TOBY MELVILLE/REUTERS)

Nada, ni ser once veces campeón mundial, ocho veces oro olímpico. Primer atleta en entrar a la lista Forbes, con un salario de más de 20 millones dólares al año; ni esos records astronómicos (9.58 y 19.19) que hacían de sus zancadas un espectáculo, fueron suficientes para que se pudiera retirar a la misma velocidad. Pues el día que se despidió de las pistas fue su propio cuerpo quien lo traicionó.

Su equipo venía tercero. Gran Bretaña, a la cabeza seguido por Estados Unidos, cuando tomó el testigo y emprendió la carrera. Uno, dos… cuatro tantos pasos aventajados que podían cambiar la historia pero un ¡oooh! paralizó al estadio, que apenas vio como los ingleses se llevaron el oro. Mientras el cuerpo de Bolt se fue al suelo.

Un calambre, un maldito calambre, contracción involuntaria muestra de lo sobreexigido que se encontraba le afectó su pierna izquierda y cuando lo fueron a asistir con una camilla, él se puso de pie y acompañado de sus tres relevos caminó con la frente en alto y medio cojeando hacía la meta que pisaría por última.

¡Viva Usain Bolt! ❤

 

 

 

 

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