Cómo nació Endorfina desde mi pasión por el deporte

Cuando entré a estudiar periodismo creía que dedicarme al área deportiva iba de la mano con mis motivaciones del momento. En aquellos años jugaba básquetbol por la Universidad Católica y la Selección Chilena. Y como era de esperar, «justo» a mi generación le tocó un cambio en la malla curricular que eliminó la especialización y me obligó a explorar nuevos temas.

Mis primeros trabajos en comunicación no tuvieron nada que ver con deportes. Aun así el destino me empujó hacia él. En 2011 me fui a vivir a Viña del Mar, alucinada por un proyecto de redactora creativa que se desarrollaba en Santiago, pero yo, con mis ideas locas, pensé que si ya era cool ser ghostwriter, aún más cool sería escribir junto al mar. Entonces hablé con mi jefe, y lo convencí de trabajar a distancia. Pronto me di cuenta que ese impulso fantástico traía sus consecuencias…

Un día salí a trotar por la costanera y, desde la otra vereda me grita una excompañera de la Cato: “¡Nati, ¿qué haces aquí?!”. Cuando la miro, impactada de encontrarla ahí, le respondí: “¡No me la creo! ¿Qué qué hago aquí? ¡Vivo aquí!”. Crucé la calle cagada de la risa, y nos pusimos al día rápidamente. Llevábamos mucho sin vernos, desde que yo había dejado de jugar porque no lograba compatibilizar el periodismo con los entrenamientos. Conversamos, nos reímos, y me soltó una bomba: “Abrieron un club nuevo, hay varias santiaguinas jugando acá… anda a probarte”.

¿Qué me dijeron? Partí a comprarme zapatillas y, al día siguiente, me tenían en primera fila entrenando. Así fue como volví a las canchas y también entré al periodismo deportivo porque para cuando el proyecto de redacción creativa llegó a su fin, el club ya me había ofrecido un cargo como Asesora de Comunicaciones, que obviamente acepté.

Años más tarde, cuando regresé a Santiago busqué seguir vinculada al periodismo deportivo. Me gustaba demasiado lo que hacía. Postulé a varios medios y me fui a presentar al Círculo de Periodistas Deportivos, con la intención de integrarme a una comunidad que me acercara aún más a ese mundo. Se dio la oportunidad única de pasar a ser parte de la directiva.

En 2014 viajé a Cuba a cursar un máster en periodismo deportivo. De ese viaje ni les explico la de anécdotas que tengo, pero en resumen, cuando volví sentí la necesidad de crear un espacio que hablara de deportes… no de fútbol, de deportes. Quería integrar disciplinas, historias, personas.

En los medios para los cuales había escrito, la mayor parte del tiempo cubría fútbol. Siempre intentaba abrir otros temas, pero no era fácil. Tal es así que un día, en una reunión de pauta, reclamé: «Estoy harta de que llamen ‘deportes’ a una sección que es puro fútbol». Y la brillante respuesta del querido editor, ¿saben cuál fue? “Es deportes porque es primera, segunda y tercera división del fútbol”. Grrr…

Pasé meses estancada solo por el nombre y ahora que lo pienso, cuántas guaguas (bebés en Chile) dejarían de nacer si uno tuviera que pensar en cómo llamarlas primero (jajaja).

Nace Endorfina

Hasta que se me vino a la cabeza la palabra Endorfina. Fue una revelación: “¿Cómo no lo pensé antes? ¡Si era tan obvio!”. Representaba exactamente lo que quería transmitir: respirar deportes y liberar felicidad, todo dentro del concepto de vivir en movimiento. Ya tenía claro que mi filosofía de vida se basaba en el movimiento, aunque en ese momento intentaba enfocarme solo deporte.

Emprendí: publiqué, organicé concursos, sumé seguidores, participé en eventos. A veces recibía mensajes preguntando por trabajo, como si el blog fuera un medio oficial. Eso me subía el ego, hasta que me tocaba rechazarlos: “Gracias por tu interés, me alegra que confíes Endorfina, lamentablemente es solo un blog amateur. Lo hago a pulso, a veces con ayuda de mis hermanos y otras de mi pololo (el innombrable)”.

Después me fui de Chile y seguí con el proyecto a distancia, hasta que en pandemia el blog se durmió.

En 2025 decidí despertarlo con un concepto totalmente distinto. Endorfina ya no es solo movimiento deportivo, sino un portal creativo donde comparto anécdotas de vida, reflexiones, parte de mi trabajo y los servicios que hoy ofrezco como comunicadora: redacción con alma, entrevistas, storytelling, contenidos y proyectos con propósito. Y por eso mantengo este Archivo Deportivo, porque es una pieza importante de mi historia, de lo que alguna vez hice, y porque mi relación con el deporte no desapareció; simplemente evolucionó conmigo.

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